sábado, 4 de junio de 2016

Muy pronto en Siltolá: AZUL NOCTURNO (relatos)



QUIZÁ RUBÉN MARTÍN DÍAZ, por Josep M. Rodríguez




Una matrioska: entre mis poetas preferidas, Anna Ajmátova. Y de entre sus poemas, probablemente, “La mujer de Lot”. Por lo biográfico, por lo emocional y por esos últimos versos que encierran en sí mismos una poética. La mujer que da su vida por una mirada. Pues sin duda la mirada es el elemento que distingue a un verdadero poeta de alguien que no lo es. Decía Baudelaire que hay que salir a la calle con la vista puesta en lo que nos rodea. Estar atentos. Porque la poesía está ahí: esperándonos. Bécquer y la Rima IV. O como apunta Rubén Martín Díaz en el texto que cierra su nuevo libro, Fracturas (Nausícaä, 2016): “Quien escribe al poeta es el poema”.


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Rubén Martín Díaz nace en Albacete, en 1980. Un dato meramente anecdótico porque, para sus lectores, Rubén Martín Díaz nace en 2009 cuando la editorial Vitrubio publica Contemplación. Y a partir de ahí empieza a crecer con El minuto interior (Rialp, 2010), El mirador de piedra (Visor, 2012) y Arquitectura o sueño (La isla de Siltolá, 2015): un conjunto de prosas poéticas o, si se prefiere, un diario lírico escrito con una engañosa sencillez y una naturalidad que llaman la atención. Los poetas son como un edificio, no necesitan mostrarnos los andamios para estar en construcción. Quiero decir que la verdadera poesía no tiene miedo de mostrarse al natural. Desnuda, como le gustaba a Juan Ramón. Esa sencillez es uno de los elementos que más me interesan en la poesía de un autor que quizá se llame Rubén Martín Díaz. O quizá no. Tampoco importa mucho. Lo único que cuenta de verdad son poemas como los tres a los que este texto acompaña.
                                                          

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Otro de los elementos centrales de la escritura de Rubén Martín Díaz es su capacidad para sugerir. Ibis redibis non morieris in bello. De sobras es conocida la respuesta de la sibila al soldado que fue a consultar su destino antes de marchar a la guerra. Una simple coma modifica completamente el significado. Por algo Cortázar decía que las comas son las puertas giratorias del lenguaje. Si algo he aprendido con los años es que la poesía es riesgo. Hay que poner las comas. Rubén Martín Díaz escribe sin trampas. Con el riesgo que eso conlleva. Mucho más si lo que se pretende es ahondar en ese pozo de petróleo negro que todos llevamos en nuestro interior. Fracturas es un libro sobre las pérdidas, las carencias, lo que se nos escapa de las manos cuando creemos que lo tenemos agarrado bien fuerte. Todo poeta es dueño de su riesgo. Rubén Martín Díaz lo sabe. Está en el camino.  



MADRUGADA EN UN CUARTO DE HOTEL

En un cuarto de hotel, la madrugada
se vierte por las páginas del libro
como un sueño en la noche
o un acero afilado entre las flores marchitas de silencio.
Porque nadie me piensa, no sé si existo
sentado a esta mesa indefinida que se presta al poema
o si, henchido de sombras, soy la propia poesía
naciéndome palabra desde el fondo del cuerpo.
El mundo está intimando con el mundo
y todo cuanto en mí se nombra fluye
con tal intensidad y tal justicia
que es exacta al volumen del vacío que me piensa.
Al fin y al cabo, yo estoy en las cosas
y me pienso al pensarlas.



LA ENCINA ROJA
A mi padre

Yo te pedí descanso.
Quise parar el tiempo bajo la encina roja
de mi niñez, recolectar los frutos
que el aire de noviembre había sacudido
hasta darlos al suelo,
tú sabes bien: al firme pedestal
de barro en que se hallaba nuestra encina,
y fuiste complaciente con mi súplica.
Qué extraño.
Después de todo
parece ser que a ti te divertía ver
que más allá del fruto de la encina
yo enterrara mis manos
en busca de la pulpa de los muertos.



YO ESCRIBO PARA SER UN HOMBRE LIBRE

Yo escribo para ser un hombre libre
que muere en un poema.

Tú mueres
para que yo lo escriba,
para que muera en el poema escrito
con la palabra exacta: libertad.

Tú estás muerta y yo muerto;
el poema se cubre con la sábana negra
de tinta y luto
o el blanco que, de fondo,
lo niega.

Sin poema no hay nadie que confirme
la realidad de la que estamos hechos.

No somos. No existimos. Por lo tanto,
quien escribe al poeta es el poema.
Y nunca lo contrario.

Fracturas (Nausicaä, 2016)


miércoles, 18 de mayo de 2016

Distribución de 'Fracturas'

"Fracturas", mi último libro de poemas, ha empezado a distribuirse y ya lo podéis encontrar en librerías de Sevilla, Córdoba, Granada, Almería, Puerto del Rosario, Las Palmas de Gran Canaria, Alicante, Elche, Denia, Gandía, Madrid, Valladolid, Oviedo, Logroño, Bilbao, Donosti, Pamplona, Barcelona, Girona, Sabadell, Palma de Mallorca y, por supuesto, Albacete.

¡Grandísima noticia!