sábado, 3 de marzo de 2012

Actos de amor, de Antonio Praena





Amar es, para algunas personas, el verdadero acto que da sentido a sus vidas. Amar por vocación. Amar como acto de entrega total. La palabra puede ser empleada perfectamente para este fin; de hecho, el propósito del lenguaje es facilitar el entendimiento entre los hombres, y el amor como lenguaje parece ser la forma más perfecta de comprensión. Hay, como digo, quien siente esa necesidad de darse en acto puro de amor al universo conocido, a las creencias del hombre y, por qué no, también a sus inseguridades. Antonio Praena es una de esas buenas personas, y su último libro, titulado Actos de amor, recoge un puñado de excelentes poemas (37, para ser concreto) que ponen en práctica esta teoría. Antonio es, sin duda alguna, un poeta verdadero (lo que llamamos poesía no siempre lo es) y da buenas muestras de ello en la ejecución de unos versos que destacan por su ritmo limpio y pausado y su mensaje humilde y sincero: “Un hombre se desnuda ante la nieve. / Abraza a sus amigos y uno de ellos / lo toma suavemente de la mano: / Francisco, no nos dejes. La verdadera poesía es despojamiento, desnudez de los sentidos ante un estímulo dispuesto para ser recogido y asimilado por el contemplador. A su vez, el contemplador no contempla únicamente con la mirada, la respiración es un sentido primordial y se puede respirar con todo el cuerpo. Descubrimiento y aceptación, pero también regreso y sensatez: “A veces es preciso regresar / a los lugares donde fuimos infelices / y abrir allí la herida y respirarla / y ser el hombre roto que perdura / con muerte muy adentro de nosotros, lo mismo que el terror en la belleza. El ritmo lo es todo en el poema, como también lo es el lenguaje. Antonio lo mima escogiéndolo con sapiencia, sabedor de que un lenguaje rico, pero sencillo, forma la telaraña perfecta que hará del lector una víctima apresada en una trampa de la que no querrá salir. Si bien es cierto, en poesía no hay trampa ni cartón, sino que todo fluye de un modo natural, como en estos versos de un poema titulado Elegía: “Pero esta vez volviste sin olvido / y fue el dolor tan obvio que encontraste / descanso en el batir de otras espumas. / No vas a regresar hasta mi vida / en busca del perdón que siempre hallabas / en atrio de mis labios, mi silencio, / mi forma de quererte de otra forma / que nunca te bastaba y sin embargo / sabias que era amor, que era amor limpio”. Al poeta se le exige siempre atrevimiento. Caminar sobre rodado puede asegurar un paso firme pero aleja de la fascinación con la que el hombre recibe los tesoros, hasta entonces ocultos, de la vida. Actos de amor es un libro valiente porque su creador lo es también, claro está. Antonio es dominico, y en algunos versos se pone de manifiesto la ocupación del poeta: “Quizá por eso mismo nuestra vida / trascurre silenciosa entre la celda y el oficio: / primero el cementerio, / un poco más allá la biblioteca, / el claustro, / el de profundis y, al final / del largo corredor en el que cuelgan las cogullas / la cruz a cuyos pies hora tras hora / cantamos”. La contrariedad, sin embargo, se da a la hora de publicar, y es que no resulta fácil sacar a la luz un libro que destaque demasiado en sentido novedoso por más que en teoría sea aquello que se busca. Se defiende lo que es distinto, pero se publica lo que está de moda. Por esto mismo, Actos de amor es una excepción que viene a reivindicar los verdaderos valores de la lírica tradicional pero con una visión personal, fresca, reveladora. Antonio ganó, por oficio (aunque se diga que la suerte siempre  es necesaria), el último Premio Nacional de Poesía José Hierro. El resultado final es un libro espléndido, de lo mejor que ha caído en mis manos últimamente.

Antonio Praena, Actos de amor (Universidad Popular José Hierro, 2011)

1 comentario:

Elizabeth dijo...

Gracias por compartir tus cromosomas de luz, alma de relámpago. Los versos de Antonio son pura magia. Besos.