jueves, 17 de diciembre de 2015

Mi reseña para el nuevo libro de María Moreno Molina





The woman under the mango tree
Premio Javier Lostalé de Poesía Joven
Polibea Editorial, Madrid, 2015
María Moreno Molina


The woman under the mango tree es el título del libro y también el de uno de los poemas que se incluyen en él. Título sin duda sugerente que ya nos anticipa la importancia que van a tener la mujer y el ámbito caribeño en el que esta se desenvuelve, digamos, teniendo en cuenta los dos planos de una misma realidad (esto es fuera y dentro del poemario). Constituido en tres partes (Isla ausente, Isla presente e Isla Remota), el libro dibuja un recorrido humano por un país, Trinidad y Tobago, distante del mundo tal y como aquí lo conocemos, y profundiza en el crudo día a día de sus habitantes. La autora es un ser comprometido con la vida y las costumbres de la mujer caribeña, así lo constatan los siguientes versos que aluden a La cerveza de los hombres: "No beban las señoras de esta poción tan mágica / que hace más fuerte al fuerte. / No beban y contemplen cómo estamos / sentados frente al televisor, / el partido de cricket de hace tres días / comenzando su cuenta atrás de horas, / como atrás del sofá se encuentran las señoras / relegadas por blandas, por consenso, por júpiter / relegadas por mí pero también por todos / mis compañeros. / […] No beban y recojan las alas, los insultos, / los botellines verdes." Se trata de una mirada crítica que, lejos de ser meramente panfletaria o propagandística, indaga sin rubor alguno en la barbarie de las costumbres que siguen sometiendo a la mujer frente al papel del macho dominante. Ante este nefasto panorama, el remedio puede ser en ocasiones mucho peor que la enfermedad. La prueba de ello la encontramos en el poema que lleva por título Muerte I, y dice así: "Fueron los vecinos testigos todos, / se confundió el disparo con el ritmo de banda. / […] Mujer negra soltera busca / vida de veinticuatro años, / hallada muerta en el sillón de casa / el martes de carnaval de 2012, / en uno de los carnavales más salvajes del mundo, / en la ciudad de puerto españa / de trinidad y tobago." La voz poética está acertada en todo momento: se retuerce y juega con el lenguaje en los primeros poemas del libro, buscando un mayor lirismo a través del exuberante paisaje del país, y, posteriormente, se aclara y se concreta en la palabra exacta para caer con fuerza, sin florituras ni alardes de ningún tipo que puedan desviar la atención, sobre los temas más críticos, que son los de carácter social. Si abordamos esa primera fase de poemas más introspectivos y juguetones con el lenguaje y con las formas, encontramos, entre muchos interesantes poemas, uno bellísimo que lleva por título, precisamente, Mango, y que dice así: "Que me deshago en mango y en amarillo / que me deshago. / De hebras finas y breves me compongo y me entrego / en carne y en azúcar. / Que me deshago en mango y en amargo / si me especias, / que me deshago en aire cálido y en ramas / de donde salgo y crezco. […]." También merece la pena destacar, de esta primera parte, el poema titulado Temporada de lluvias, donde la semántica del conjunto le cede toda la importancia al ritmo y esos hermosos juegos de palabras a los que aludía antes. Y además sobresale, cómo no, el que le da nombre a todo el conjunto, un poema corto, evocador, que emociona por su humana sencillez y que, de algún modo, hace partícipe al lector de ese compromiso con la mujer humillada que habita el país.
No cabe ninguna duda de que María posee una voz personal muy interesante, una mirada afilada que aborda como pocos los aspectos más incómodos de la mujer dentro de la sociedad en la que vive, y un mundo propio que resulta original sin descuidar la tradición y las buenas formas de la poesía. Por todo ello, leer este libro, leer a su autora, es un ejercicio del todo recomendable.

Rubén Martín Díaz


lunes, 14 de diciembre de 2015

Biblioteca Nacional, Madrid

Acompañando a Javier Temprado, con motivo del Fallo del 69 Premio Adonáis (11 de diciembre de 2015)




Reseña sobre "El mirador de piedra", por Ángel Rodríguez Abad

Me ha llegado, a través de Juan José, editor de Polibea, esta reseña que Ángel Rodríguez Abad escribió hace un tiempo sobre mi libro El mirador de piedra (Visor, 2012) para la Revista Turia:



EL CONTEMPLADOR INTERIOR



RUBÉN MARTÍN DÍAZ
El mirador de piedra
Madrid, Visor Libros, 2012


Como colaborador literario que soy de Radio Nacional de España me van a permitir, para comenzar, enarbolar la defensa de un género minoritario pero imprescindible, como es la poesía, desde cualquier rincón que se ofrezca a ello (por ejemplo, desde estas amistosas páginas que tanto hacen por las Letras en general). Cuánto más ha de insistirse en tal consideración si el medio de difusión desde el que se lleva a cabo tal apoyo es poderoso y completamente público, como así lo es la emisora de radio mencionada. Todo esto viene a cuento porque fue gracias a la concesión del Premio Ojo Crítico de RNE (en su convocatoria de 2010) cuando llegó a mis manos el primer libro que pude leer de Rubén Martín (Albacete, 1980), que había sido Premio Adonáis 2009. No es ocioso subrayar que el poeta y crítico Javier Lostalé me había puesto sobre la pista de tal título: El minuto interior (Rialp, 2010).
Aquel libro, aquella recoleta gavilla deslumbradora de poemas – escritos por un autor que no figuraba en las antologías de referencia ni se movía en los circuitos al uso del mundillo literario (residía en su provincia natal alejado de cualquier gran capital) – estaba bañada por una luz abrasadora pero íntima que se cernía alrededor del milagro callado y cotidiano presto a mostrarse: “un manantial de luz forja la vida”; “¡Qué mezcla de metales en la luz!” Versos refulgentes que amoldaban el perfil del orbe al corazón interior de un contemplador persistente, avizor. Se hacía perceptible para el lector un canto (con ecos del Claudio Rodríguez caminante del campo a través, y ráfagas del Brines elegíaco) que devenía latido hondo en su pureza de mirar. Por ejemplo, al amanecer: “Y todo canta ardido entre los restos”. Y llameaba asimismo un pálpito griego presocrático y mediterráneo en sus “Lúmenes”: “Esta luz hace propio / todo aquello que toca”; palabra viva del alma en pos de una configuración visual (y mental) armónica, sensual, pánica, transfiguradota.
El minuto interior se revelaba de esta forma como prodigio “donde todo respira a través de mi cuerpo”. El poeta adivinaba en su vibración y en su alto pasmo de quietud el vuelo y el cántico de una naturaleza y de unos ciclos (¿un ritmo dariano pero exclamado en voz baja?) fagocitados como ritual abierto, celebrado desde y por lo vivo nutriente. El excelso poema que cerraba el libro – “El último relumbre” – incorporaba el hilo del crepúsculo vespertino al ánimo del mirador como “casi pura iluminación”. Podíamos así intuir al urdidor de aquellas pequeñas maravillas salvadoras como a un ser esclarecedor del caos. Sintiente, tocado por heridas pero – en su admiración pausada – escribidor mirífico de los cuerpos queridos, de los instantes hermosos donde lo tangible y lo presentido nos convocan.
Luego supimos que firmando como Rubén Martín Díaz ya había ganado un premio en su región y publicado un libro (Contemplación, Vitruvio, 2009) donde gratitud y revelación enlazaban sus amores y plegarias. Y también como Rubén Martín Díaz nos hace llegar ahora su más reciente entrega – El mirador de piedra, Premio de Poesía Hermanos Argensola 2012, promovido por el Ayuntamiento de Barbastro – para ahondar con ello en sus obsesiones más arraigadas. Esta vez concediendo el protagonismo a un mirador existente en plena naturaleza (el Mirador Rodríguez de la Fuente, sito en el Parque Natural de las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, en la provincia de Jaén), concebido como el ámbito arropador de sus reiteradas contemplaciones. Pues tal lugar fue descubierto por él en su niñez, y en su regreso posterior ya como adulto – desde su joven mirada sagaz, educada y/o despojada por el afán poético – logra hacer de ese sitio recuperado un territorio fructífero de canto, conocimiento, pulsación y escritura.
Rubén Martín Díaz nos aproxima, en un primer movimiento lírico al mirador mentado y a sus alrededores. Lo descriptivo (“respiro sobre el bosque, como el árbol, / desde un antiguo mirador de piedra”) y la punzante naturaleza todopoderosa (la “Ceremonia del alba” como “súbita verdad amanecida”) conviven con el relámpago sentido de la eternidad, con el cenit celebratorio de un paraje (no sólo vivido sino quizá soñado a fuerza de la ponderación ascensional derramada por su explorador) “...donde, al fin, yo / me siento mucho más cumplido y vivo”. La pregunta retórica del inquisidor anhelante de belleza, de transparencia, acaso también de lírica redención, se contesta a través de la sutileza pleonásmica del mirarse adentro. Era en ti mismo donde el enigma habría de resolverse: “¿A qué lugar de siempre has regresado? (...) He llegado al lugar; lo reconozco”.
En la parte central del libro, quizá su movimiento más conseguido, otros paisajes respirados nos invitan en su intensidad. El poeta se sitúa, en su viaje, “en el centro del día” y se infiere un anhelo de trascendencia cuando la cauta voz del iniciado se apostrofa a sí mismo describiéndose con los siguientes trazos: “maravillado y limpio en tu interior / y olvidado de todo y de ti mismo”. La comunión con el entorno se ensalza mediante la fisicidad material y la ascensión espiritual. Fisicidad del agua fría nacida del manantial (“Qué gozo el agua pura y cristalina / que de la sombra nace / y en la sombra del cuerpo se me hospeda”) y ascensión emuladora de la rama que contemplamos y nos une a lo vivo todo (“Hacia arriba nos crecen estas ramas”).
Para Rubén Martín Díaz, en fin, en este libro de aguaceros, ciervos, cadencias, árboles y atardeceres, donde el gozo vital se enhebra al idiomático, canta la vida en su propio interior al descubrirse él en lo contemplado. Un aforismo o divisa – tal en un torneo o certamen de justas poéticas – parece brillar en el libro: “Esta locura de vivir me hierve dentro”. El contemplador interior suscita entonces el apotegma resumidor: “lo contemplado está en el pensamiento”.


ÁNGEL RODRÍGUEZ ABAD

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Puesta de sol en un puerto


Puesta de sol en un puerto, Claude Lorrain, Museo del Louvre (París)


Puesta de sol en un puerto



Te esperaba en un austero cuarto del Museo del Louvre, frente a ese romántico cuadro (Puesta de sol en un puerto) que Claude Lorraine pintara en el siglo XVII. Abordé la pintura, en un principio, igual que el ave al escrutar la campiña hacia el final de la tarde: sin dilación ni congoja, sino ebrio de luz y tradición. Me demoré en su añoranza, con los peligros que conlleva el entregarse a un acto así, y entendí que lo que un hombre ama es la parte que de él se da en las cosas, y que, por eso, todo lo demás nos es ajeno. La vida, pues, da más al que más entrega. Regresaste a propósito de hallarme frente al mismo cuadro en que me habías dejado un tiempo atrás, acaso embebido en un viaje imaginario a esa puesta de sol en un puerto sin nombre. Y así fue; pero aún hoy conservo la certeza de que una parte de mí no supo remontar tanta nostalgia, y de que algo, desde entonces, no ha dejado de morir.

Del libro Arquitectura o sueño (La Isla de Siltolá, 2015)

miércoles, 3 de junio de 2015

Una reseña de Arquitectura o sueño, por Javier Lorenzo Candel


Arquitectura o sueño
Rubén Martín Díaz
Editorial La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015

El tiempo transcurrido entre la impresión de las cosas y la palabra que la describe es un enigma que pocos se han atrevido a descifrar. La sensibilidad ante la observación hace que esta se convierta en “posibilidad” en “activación” en la conducta del escritor. De estos recursos es de donde surge un buen poema, una acertada reflexión o una caricia en forma de adjetivo. Porque es en ese tiempo indeterminado donde se establece la creación, podemos decir que esta depende de aquél, que la palabra y su espacio depende del tiempo al que me refiero. Y aquí es donde podemos encontrar la maquinaria, por decirlo de algún modo, que mueve los resortes de “Arquitectura o sueño” del poeta albacetense Rubén Martín Díaz (premio Adonáis, 2009). Utilizando la dualidad que nos propone en el título, podemos decir que la arquitectura a la que se refiere es la ciudad misma, un recorrido por la estructura superficial de París en un grado que podemos calificar de “pura percepción”, para descansar en el sueño, un sueño que activaría los mecanismos de la metáfora, del descubrimiento y del adjetivo, de la palabra misma. Rubén Martín, en estos poemas en prosa, nos invita a trascender a la observación para instalarnos, desde el primer texto, en la acción lírica, y, más allá, en la propia filosofía. Porque la búsqueda activa del escritor en la ciudad nos anima a un hallazgo que, agarrado de los conceptos, camina hacia el conocimiento. Quizá sea este el peso real del libro que ahora publica La Isla de Siltolá: Un paso más allá en la tan acariciada luz de los anteriores libros de Rubén Martín, para hacerse, ahora, de silencio. Y en el silencio, todo lo que encontramos necesario. El escritor hecho poesía (como nos advierte en uno de los textos), la sensibilidad que es alimento indispensable, la observación, a la que ya hemos aludido, y la reflexión. En definitiva, un argumento que surge de la parte irracional del ser humano, que es la justificación de la escritura, para instalarse en una parte racional identificada como la escritura misma. Dos prismas, de nuevo, que juegan a entenderse con el título del libro. A nadie puede extrañar que, con estas herramientas, “Arquitectura o sueño” se convierta en un libro hermoso, intenso, capaz de llevar al lector por los espacios que sirven de justificación al autor, para hacernos descansar en la calma, en el acomodo del adjetivo, en los instantes que marcan el ritmo de ese tiempo indeterminado que va de la percepción de las cosas a la creación misma. De esta rápido análisis de “Arquitectura o sueño”, lo que queda es su lectura.

Javier Lorenzo Candel

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viernes, 29 de mayo de 2015

Presentación de mi nuevo libro, Arquitectura o sueño


A continuación os dejo con dos textos del libro:



Universo


Un grano de arena no es solo un grano de arena, es el viento que lo arrastra, el lugar donde se posa, el ojo que lo ve correr. Pero, además, es también los siglos que lo integran, el hecho que lo fue formando, la idea de su inicio, el pasado que es presente y el futuro progresivo. Un grano de arena es en sí mismo un universo, y en ese piélago se intuyen infinitas las configuraciones. Se dirá, por tanto, que cada pieza del puzle de la vida alude al concepto ilimitado de su ser, y que la unión no se halla solo en la unidad sino también en cada una de las partes que conforman un todo desmembrado.


Contradicción

Te oscureces de pronto. Vives la realidad entre los márgenes de ese libro de Banville que tú mismo te has regalado y que tanto te gusta releer. Tus ojos solo conocen el espacio pequeño y rectangular de sus páginas, mas tu mente abarca el horizonte de un mar que inunda las arenas de tu entera soledad. Te oscureces, y cierras el libro como quien cierra un capítulo acabado de su vida. Miras a través de la ventana: la ciudad simula el contorno de un animal acostado. Nada en él se mueve. No respira. Y tú, a pesar de todo, te sabes inmensamente feliz.

miércoles, 4 de marzo de 2015

ARQUITECTURA O SUEÑO




Le ponemos cara a mi nuevo libro, que podréis encontrar en librerías el próximo mes de abril.

Se trata de un libro de prosas cortas, a modo de ensayos poéticos, parisino y nutrido de referencias culturales.

Espero que lo disfrutéis.

viernes, 13 de febrero de 2015

Entrega de los XXX Premios Barcarola





El jueves 19, en el Museo Municipal de Albacete

Dionisia García y Rubén Martín Díaz en Poesía y Roberto Ruiz de Huydobro, en Cuento, galardonados en esta edición. También se presentará el libro de Ángel Antonio Herrera, “El piano del pirómano”, ganador del año anterior.

El próximo jueves 19, tendrá lugar en el Museo Municipal de Albacete la XXX entrega de los premios del Certamen Internacional de Poesía y Cuento Barcarola, que se fallaron el pasado 5 de febrero en el Café Gijón de Madrid. Estos galardones están patrocinados por el Ayuntamiento y la Diputación de Albacete, instituciones que financian la revista, contándose, asimismo, con la colaboración de la Fundación Caja Rural Globalcaja. El acto dará comienzo a las 20 horas y es de entrada libre hasta completar aforo, y será presidido por la alcaldesa de Albacete, Carmen Bayod Guinalio.
En poesía, el premio, ex aequo, recayó en Dionisia García y Rubén Martín Díaz, con los poemarios titulados, respectivamente, “La apuesta y el secreto” y “Fracturas”. En cuento, resultó ganador el escritor Roberto Ruiz de Huydobro, con el relato “Alimañas”.
El jurado de poesía, compuesto por Luís Alberto de Cuenca (Presidente del jurado), Antonio Colinas, Marcos Ricardo Barnatán, Javier del Prado, Ángel Antonio Herrera y José Manuel Martínez Cano, destacó que sendos poemarios representan la serenidad mística, con tonos elegiacos y humanistas, de una poesía clásica, en el primer caso y la línea clara, imaginista y conceptual de una poesía experimental y de ruptura, pero sin olvidar a autores contemporáneos de referencia, en el segundo de los poemarios citados anteriormente. En cuento, el Jurado compuesto por Santos Sanz Villanueva, José Esteban, Blanca Andreu, Alicia Mariño, Antonio Beneyto y Juan Bravo Castillo, destacaron que el relato “Alimañas”, representaba una impresión bien elaborada de la infancia con ciertos tonos proustianos. En ambas modalidades actuó como secretaria Llanos Moreno Ballesteros.

Ganadores, presentación y recital

Dionisia García (Fuente- Álamo, 1929), Licenciada en Filología Hispánica, es una autora de largo recorrido, con más de 20 libros, que ha publicado en las editoriales más importantes de poesía (Rialp, Trieste, Tusquets, Renacimiento etc., ), está traducida a más de 15 idiomas y ha sido propuesta varias veces al Premio Nacional de Literatura. Es académica de San Telmo y ha residido la mayor parte de su vida en Murcia, Universidad que instituyó un Premio de poesía que lleva su nombre. Rubén Martín Díaz nació en Albacete en 1980 y con su primer libro, “Contemplación”, obtuvo el Premio Fundación Siglo Futuro-Caja de Guadalajara. Pero fue con el poemario “El minuto interior”, con el que se consagró como una de las más firmes promesas de la poesía española, al obtener el Premio Adonais y el Ojo Crítico. En 2012, con “El mirador de piedra” (Visor), ganó el Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola.
Ricardo Ruiz de Huydobro (Bilbao, 1966) es periodista y se inicia en la literatura con el relato que ha ganado el Premio Barcarola.
Como es habitual, año tras año, en esta cita se viene presentando el libro ganador de Poesía del Certamen anterior y corresponde en esta ocasión hacerlo con el poemario “El piano del pirómano” (editorial Calambur), de Ángel Antonio Herrera (1965), periodista colaborador en diversos medios, con una larga etapa televisiva y, en la actualidad, en el diario ABC, RNE, Interviú, Diez minutos…etc.; Como poeta ha publicado, entre otros, “El demonio de la analogía”, “En palacios de la culpa”, “Te debo el olvido”, “Los motivos del salvaje”,… parte de su obra está recogida en la antología “Arte de lejanías”. Paralelamente, ha escrito novela, ensayo, la biografía de Francisco Umbral, o el diccionario de famosos “Esto no es Hollywood”.
Ángel Antonio Herrera leerá al publico asistente algunos de los poemas que componen el libro “El piano del pirómano”.
Como colofón a este acto, la segunda parte del mismo estará dedicada a un recital que ofrecerá el cantautor leonés Amancio Prada, uno de los interpretes españoles que más se ha dedicado a musicar obras de escritores de la literatura, como Juan del Enzina, R. Tagore, Agustín García Calvo, Antonio Machado, Sánchez Ferlosio , Rosalía de Castro , etc. En este recital también ofrecerá algún tema dedicado a Santa Teresa de Jesús, como homenaje en el año que celebramos el V Centenario del nacimiento de la escritora abulense.

viernes, 6 de febrero de 2015

XXX Premio Internacional de Poesía Barcarola




Mi libro Fracturas consiguió ayer el XXX Premio Internacional de Poesía Barcarola, ex aequo con la poeta Dionisia García, y será publicado el año que viene por estas fechas. A esta inmensa alegría hay que sumarle otra, y es que el próximo abril será publicado mi libro de prosas poéticas titulado Arquitectura o sueño por parte de la editorial La Isla de Siltolá. Feliz y contento con todo.

http://www.latribunadealbacete.es/noticia/Z91210C8B-04BF-E45F-DEF4F958A17D3205/20150206/ruben/martin/dionisia/garcia/ganan/barcarola

http://barcaroladigital.com/fallado-el-xxx-certamen-internacional-de-la-revista-barcarola/

viernes, 23 de enero de 2015

CURSO DE ESCRITURA



CURSO DE ESCRITURA LITERARIA: DESDE LA IDEA HASTA LA PUBLICACIÓN
Impartido por los escritores Rubén Martín Díaz y Eloy M. Cebrián.
Casa de cultura José Saramago
Marzo-mayo de 2015
(Os agradeceríamos que nos ayudarais a difundir la siguiente información)
Acompañados por el poeta Rubén Martín Díaz y el novelista Eloy M. Cebrián, este curso-taller invita a los escritores en ciernes de nuestra ciudad a adentrarse en el fascinante territorio de la escritura literaria. Veinte horas repartidas entre narrativa y poesía en las que se abordarán, paso a paso, las cuestiones esenciales del proceso creativo. La inspiración, la organización del trabajo, la documentación, las técnicas de narración y composición poética, el lenguaje, el ritmo, la estructura, el punto de vista… Cada aspecto será trabajado desde la experiencia de ambos autores, con ejemplos prácticos y ejercicios. Finalmente, se brindarán estrategias para acercarse al mundo de la edición profesional, meta de todo aspirante a escritor.
El curso arrancará el 19 de marzo y se prolongará hasta el 28 de mayo, en diez sesiones de 2 horas de duración que se impartirán los jueves en la Casa de Cultura José Saramago de Albacete (de 17 a 19 h).
El precio de matrícula es de 25 euros, y las plazas que se ofertan son 20.
La matricula se realiza por estricto turno de llegada a partir del día 10 DE FEBRERO en horario de 8.30 a 13 y 16.30 a 19 h. Para formalizarla es necesario acudir a la Saramago en persona y solicitar un resguardo en la entrada. Ese resguardo es válido solamente para el día que se entrega, aunque no es necesario realizar la matrícula de forma inmediata, sino que se puede regresar más tarde dentro del horario de apertura de la oficina. El primer día de matrícula (10 DE FEBRERO) se entregarán un máximo de dos resguardos por persona, lo que dará derecho a dos inscripciones (naturalmente la persona que recoge el resguardo no tiene por qué ser la misma que se matricula en el curso). A partir de esa fecha, se entregarán todos los resguardos que se soliciten. El pago se puede efectuar por tarjeta o mediante un ingreso, aunque lo segundo supone que es necesario regresar para entregar el justificante bancario. La edad mínima para poder inscribirse es de 16 años. Es necesario acudir provisto del DNI.
Ambos hemos trabajado en este curso a conciencia y creemos que merecerá la pena. Nos apetece mucho compartir con un grupo de entusiastas de la escritura algunas de las cosas que hemos aprendido durante estos años.
De nuevo, os agradecemos mucho la difusión de esta convocatoria.

lunes, 5 de enero de 2015

Más allá del olvido



Elegimos un hotel al azar y subimos a un taxi. Ninguno de los dos conocía Londres. En el momento en que el taxista tomaba el Mall y se abría ante mis ojos aquella avenida sombreada por los árboles, los veinte primeros años de mi vida se hicieron polvo, como un peso, como esposas o arneses de los que no había creído nunca poder librarme. Y bien, ya no quedaba nada de aquella tarde, entonces, por primera vez en mi vida, era feliz.
Luego era de noche y paseábamos sin rumbo fijo por la zona de Ennismore Gardens. Caminábamos despreocupados a lo largo de la verja de un jardín. Risas, música y un murmullo de conversaciones nos llegaban desde el último piso de una de las casas. Los ventanales estaban abiertos de par en par y en la luz se recortaba un grupo de siluetas. Nosotros permanecíamos allí, contra las rejas del jardín. Uno de los invitados nos había visto desde el balcón y nos hacía señas para que subiéramos. En las grandes ciudades, en verano, las personas que se han perdido de vista durante mucho tiempo, o que no se conocen, se encuentran una tarde en un café, luego se pierden otra vez. Y nada tiene demasiada importancia.

Patrick Modiano
Más allá del olvido
(Alfaguara)

viernes, 2 de enero de 2015

En el café de la juventud perdida



Adamov le ponía la mano en el hombro y caminaba con aquel paso mecánico suyo. Habríase dicho que a ella le daba miedo andar demasiado deprisa; y, de vez en cuando, se paraba un momento como para que él recobrase el resuello. En el cruce de L'Odéon, Adamov le dio un apretón de manos un tanto solemne y, luego, Louki se metió en el metro. Él siguió andando como un sonámbulo, como solía, en derechura hacia Saint-André-des-Arts. ¿Y ella? Sí, empezó a venir a Le Condé en otoño. Y seguro que no fue por casualidad. A mí nunca me ha parecido el otoño una estación triste. Las hojas secas y los días cada vez más cortos nunca me han hecho pensar en algo que se acaba, sino más bien en una espera de porvenir. Hay electricidad en el aire de París en los atardeceres de octubre, a la hora en que va cayendo la noche. Incluso cuando llueve. No me entra melancolía a esa hora, ni tengo la sensación de que el tiempo huye. Sino de que todo es posible. El año comienza en el mes de octubre. Empiezan las clases y creo que es la estación de los proyectos. Así que si Louki vino a Le Condé en octubre fue porque había roto con toda una parte de su vida y quería hacer eso que llaman en las novelas PARTIR DE CERO. Por lo demás, hay un indicio que me demuestra que no debo de estar del todo equivocado. En Le Condé le pusieron un nombre nuevo. Y, aquel día, Zacharias habló incluso de bautismo. Había vuelto a nacer, como quien dice.

Patrick Modiano
En el café de la juventud perdida
(Anagrama)